Archivo para Febrero dEurope/Berlin 2010

Lunes, 22 Febrero 2010

Un pueblo lleno de dignidad

por Miguél Ángel Tobías

Tras nuestra estancia en Puerto Príncipe y en diferentes zonas devastadas de Haití hemos encontrado una realidad mucho más dura de lo que esperábamos y una grata sorpresa: la dignidad con la que un pueblo destrozado, el haitiano, lucha por sobrevivir.

Desde que volví todo el mundo me pregunta lo mismo: ¿Cómo está el tema de la inseguridad por Haití? ¿Habéis estado en alguna situación de riesgo? Y yo contesto siempre lo mismo: pues claro que hemos estado en situaciones de riesgo. Hemos visitado las zonas más castigadas por el terremoto y hemos buscado todo tipo de testimonios de la tragedia . Pero eso sí, realmente, y pese a la realidad que han reflejado los medios aquí en España, en ningún momento nos hemos sentido amenazados por ningún haitiano sino todo lo contrario.

La pura verdad es que allí la gente lucha por un puñado de comida o un poco de agua y despierta sus instintos más básicos pero, al margen de esos hechos –siempre ocurridos en alguna cola de reparto de comida- , la realidad es que hemos conocido a muchos haitianos que nos han ayudado en diversos momentos del documental. Y tengo muchos ejemplos.

En un ghetto de chabolas como el barrio de Simón Pele si alguien te empujaba o dificultaba la grabación siempre pronunciaba un sincero “excuse me”. Grabando delante del Palacio Presidencial una manifestación religiosa con cientos de fieles un hombre de unos 50 años me cogía de la camiseta, yo le decía que estaba grabando y el volvía una y otra vez. Y así fuimos dando la vuelta a todo el Palacio. Cuando 20 minutos más tarde paramos el hombre se me acercó balbuceando algo en “creole”. Yo lo iba a apartar de nuevo cuando vi que me ofrecía un móvil. Después de un instante me di cuenta de que era mi teléfono y entendí lo que pasaba. El hombre no me pidió nada (ni comida, ni agua, ni dinero). ¡Tan sólo quería devolverme el teléfono que había visto cómo se me caía 20 minutos antes!

Y hemos visto protagonistas que no habían bebido ni una gota de agua desde hacía más de un día o gente herida que se aguantaba el dolor y nos agradecía con una sonrisa que estuviéramos allí para dar a conocer el mundo la vida cotidiana de la gente de Haití y no tan sólo las escenas de violencia. He visto cómo 8 o 9 personas se repartían una botella de agua o un puñado de leche en polvo sin violencia alguna, gente lavándose en un charco de agua infestado de basura, gente arreglándose el pelo con las manos o lavando su única camisa hecha un trapo como si fuera un tesoro. O miles de personas en los campos de refugiados que arreglan sus tiendas con la delicadeza que uno arregla su casa. Es todo lo que tienen. Y lo más sorprendente es que cuando te acercas a uno de ellos y les preguntas cómo están siempre te regalan una sonrisa y te ofrecen lo poco que tienen: un poco de pollo frito, su tienda, una sombra en la que protegerse del sol…

La conclusión esta clara: nos ha sorprendido la dignidad del pueblo haitiano. Su enorme generosidad y su innata capacidad de resistencia y de lucha frente a la adversidad. El terremoto los ha convertido sin duda más que nunca en una isla que se hunde pero ellos no se rinden ni se rendirán nunca. Esa es la forma de ser de los haitianos.

Ahora me voy, nos vamos, con la sensación de haber dejado allá buenos amigos y mejores personas: Camile, Chantale, César, Sor Natali, Jackson, Romel, Mizette… Todos ellos son una parte de nuestro documental. Testimonios directos de la actual realidad haitiana. Y también, la voz de la dignidad desde el infierno. Nuestro deber como profesionales y humanos era conseguir que sus voces se oyeran.

Jueves, 18 Febrero 2010

Haití: la zona cero del mundo

por Miguel Ángel Tobías

Hemos estado dos semanas grabando un documental sobre Haití. Queríamos ir más allá de la noticia y ver y enseñar cómo viven, 30 días después, los supervivientes del terremoto, cuál es su día a día y cómo y de qué manera han comenzado a reconstruir su país. Para ello, hemos conocido y convivido con muchas personas de las zonas más devastadas del país. Ahora viene lo más duro: volver a casa y pensar qué hacer para cambiar lo que hemos visto. Nuestra respuesta: un documental con diferentes protagonistas que viven en la zona cero del mundo un mes después de la tragedia.

Acostumbrarse a la realidad de nuestro día a día es difícil después de volver de un lugar como Haití. He visto y sentido demasiadas cosas y he realizado uno de los rodajes más duros de toda mi carrera. No sólo en cuanto a exigencia propia de trabajo se refiere sino, lógicamente, por las condiciones que supone rodar en un lugar devastado y rodeado de gente que lucha por sobrevivir.

Todavía recuerdo familias enteras bañándose en un charco, a mujeres comprando verdura podrida en el mercado de Les Salines, a los vecinos del barrio de Delmas 32 desenterrando de los escombros a toda una familia que todavía yacía bajo su casa entre un tremendo hedor a podredumbre. Recuerdo a Chantale abrazada a su madre y quedándose en uno de los principales asentamientos con más de 6 mil personas sin casa. Allí, uno pasa horas viendo gente entre escombros, con nada que comer o beber y bajo un sol de 43 grados. Gente que ha perdido a varios familiares y que todavía está herida de gravedad.

Y en tu mente aparece una y otra vez la frase que nos dijo Camile, uno de nuestros protagonistas. “En Haití ahora el mayor problema es estar vivo”. Y te planteas una y otra vez dejar de grabar y ayudar, pasar a la acción. El eterno dilema. Pero lo que no se graba no existe. Y enseñar lo que vemos es nuestro principal trabajo, nuestra prioridad y también NUESTRA AYUDA.

Regreso a casa con la sensación de que he estado en la Zona Cero del mundo. Un lugar que, sin duda, pone a prueba nuestra esencia como seres humanos y nuestra generosidad y capacidad de ayuda entre unos y otros. Lo hemos escuchado muchas veces durante nuestra estancia allí: Haití no es una emergencia de una semana, de quince días o de un año. Ahora depende de nosotros el que hagamos alguna cosa para cambiarlo. Con Haití, 30 días después… comienza nuestra lucha.